POJAZZ EN


sábado, 31 de octubre de 2009

TE LO SUSURRO A LA CARA




A PG, porque el moscardón, es el hermano rockero
de la abeja, y viceversa.


Y podría escribir,por ejemplo :
Una ráfaga de caballos desbocados
de ojos en histérica extenuación me miran durante la noche ; lo sé
¿ y aprenderías así decir que sueñas que fuese un centilitro mas dulce?
Seria entonces dependiente de ese don de las brujas
que giran y su secreto : Las brujas
son alegres, me gustan.

Como cuando recuerdas tu excursión dulce, extremadamente dura,
de tu lata de frutas en almíbares necesitados de tu argucia comunista.
Ríes porque la felicidad existe y se fabricó duramente en tu habitación
y notabas que erupcionaba tu deseo en el roce del muslo y apartabas
la consciencia.

El gusano que fobia de la mariposa , la sombra reprocha celosa el momento
es canalla, como dos lágrimas de olvido,
que se perpetúan en el dorso de ambas manos ocultas
de la mirada; estoy al corriente no se ha borrado.

Lo sé, y disimulo,pero sueño que deseo hablarte de ello.
Pero no existe necesidad gracias doy, de judicializar la palabra,
su ambición de abrir la flor. Esa autopsia en nombre de la cordura.

No reparan Pilar, en la necesidad del misterio del aroma.
Como disimulan sus enajenaciones, los seres que observamos en las terrazas
que cínicamente adornan con sus toldos de colores.

Recuerda, no viviría eso si el poema cruel, llano e iracundo
no hiciera mas que golpearme las miserias sentadas en mis
párpados amarillos. Estoy rigurosamente convencido:
te aburriría hasta sentirme girar la llave de la puerta.

La realidad es un vaso que se estrella contra el suelo.

Otras veces caminamos encima del sufrido sofá,
ella grita:
.-”… y la luz es tísica, César Vallejo” .-
y reímos histéricamente mientras mis labios advierten
que de igual forma puedo
saborearte con las pupilas.

Pasamos noches enteras filosofando en fábulas infantiles
porque la noche nos domina con su peligro de lujuria;
Tu risa indomable que se eleva al aire gratuito.
Tu belleza de esconder los harapos de pirata en la mesa del salón.
El autocontrol de mi lengua de granito, de mi garganta de mimbre.

Sí, esta puede ser una buena ocasión para concluir si publicar
Mi tesoro, o volver a mi raciocinio infantil:
es cierto, la felicidad también llega a la hora de cenar.

O como cuando tintineamos como dos niños
las monedas obscenas de marrón, mucho marrón para el helado,
¿No te parece ahora la vida poesía?, ¿No anida el poema en un telescopio
con arena rubia, aunque destruya el grano el ojo que mira como el de
un muerto las estrellas?.

Voy a jugar al despiste ahora: hallé entre cables de palabra y denuncia la mía,
que la adoro pues me espera una distinta e igual cada día,
y degusto sus olvidos cada noche, cuando la respiración
se me desprende de la garganta en la voluptuosa fantasía de la muerte
de asfixiarme cada noche y obstinada, intenta que abandonen mis manos tu cuerpo.
El estrangulamiento de mi pesadilla lo consuela tu abrazo.
Y en este acto, la muerte cada noche derrama su fracaso y su líquida lujuria en vano.

No quisiera el futuro ser, sino el recuerdo de quien habla
esta noche, y cela de enseñar este poema a tu pecho cada vez
que me recuerdes con un olvido. Como en un famoso cuento
ilusorio, imagino: “ Señor, Señor, .-grita la morfina.- ¡he encontrado
a la dueña de su gastado zapato!” y así fui/soy feliz.
.

Russo Rodríguez

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